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Ajedrez. Las piezas en el tablero, todavía. Y el puente. Uno que sepa cruzar el tiempo. El número de la altura de la calle donde la ventana del colectivo apuntó en el momento en que la plegaria me lleva a la ventana. Y la página. El número de la página se conecta con el capítulo exacto que corresponde a la altura de la calle. El número también salió por Talcahuano. Numerología de la locura, de un mapa de vida. Todas las señales repercuten en mi cabeza proyectando una sola idea. No se quién, dónde, cuándo, ni cómo. Pero ya te conozco.

Sino - martes, veinticuatro de enero de 2012